Telón detrás del Telón





 Todo detrás de la música oficial del movimiento infinito es un baile farsante y bello a la vez. Dibujamos sobre la más absoluto de las obras de arte y pretendemos que exista obra alguna. La obra ya vive, la obra ya nace y muere a cada segundo. En ningún instante del momento a desaparecido lo real. Todo sigue cursando la melodía perfecta del abismo único. 

Así vamos, nombrando a lo bello y lo feo con cuanta importancia fortuita, con cuanta elegancia absurda. Letras y más letras, acordes sobre acordes y melodías ajustadas a la medida del actor principal. Nada quita la fuerza. Nada quita la emergencia del floreciente cotidiano. Ese regalo lo estrecha la mano de Dios para brindarnos un mañana más luminoso en el sendero del aprendizaje esférico, el aprendizaje de los desvelos pasajeros, el aprendizaje de los mil amores en mil rostros. Dios nos brinda el cobijo para transitar sus huellas. Dios nos brinda Todo para concluir la Nada y proseguir en luz hasta la inmensidad ¿Cómo aceptar que todo luce sin medidas, sin trajes, sin carne ni olor? Aceptar es el amante, aceptar es el placer desterrado por peleas y golpes, aceptar es el choque y los muertos de traumas, aceptar es el hermano desquiciado asechando a media noche, aceptar es el vino tirado por el cardio funeral de un sin-nada, aceptar es una niña toqueteada por adolescentes furtivos, aceptar es la repentina muerte de la crianza, aceptar es toda sangre que mañana será Presente. 

Aceptar nos permite nadar hasta la otra orilla de la conciencia plena, del vuelo sagrado. Por eso, sigamos escribiendo, sigamos repitiendo como imbéciles los mismos acordes, los mismos armónicos de los mismos corazones, los mismos bailes de los mismos cuerpos, las mismas fotografías de las mismas cámaras, las mismas políticas de los mismos idiotas. Seguir viviendo es recibir de brazos cruzados y abiertos al tiempo del azul devenir Todo sagrado precio del ascenso. Ser entre luz y aguas es solo un rezo transitorio. Somos un rezo transitorio. Cuánto me importa Aquí vivo, es cuánta distancia guardo con el templo último. Todo lo que Aquí resguardo como un perro hambriento es el emblema de mi carne para homenajear las primeras escrituras del mundo. Las escrituras desenvueltas en artes murales, las escrituras que advierten sin grandes penas ni glorias sobre un fugaz encuentro con lo visible ¿Algo aprendimos de los primeros? Nada, porque primero solo eres Tú y el viaje sagrado que transportas en la energía creada por el artificie de un movimiento populoso de decenas de rocas mal heridas por las distancias del oscuro atardecer del Sol. Así es, solo eso somos. Un pequeños instante en el despertar de un nuevo día del Sol más imponente. Así es, solo eso somos. Un insecto entre la selva amazónica densa de enredos, densa de poblaciones vivas y muertas. 

Así es, solo eso somos. Un silencio entre el concierto más grande de todos, el único concierto definitivo, el único acorde veloz, el único tiempo posible y el único horizonte real.

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