Tesoro Invisible
Todo sigue y la emoción no reemplaza ningún escenario
de la vida. Esta es mi joya pero vaya responsabilidad, responden mis manos ¿Dónde
colocar el caudal de decoro y certezas? El decoro de un corazón que agita sus
manos por un prado libre de atrocidades, libre de estruendos hastiados, libres
de invisibles corrompidos por el miedo. Los amo invisibles, yo también soy
invisible. Quiera compartirles mi transparencia en mil cantos y un poema azul.
No sé si lo lograré, pero al menos quiero intentarlo. Los verdes de mi mente
son demasiado acaudalados y no quieren quedar preso de los deseos. No es deseo.
Lo veo. Todo esta vivo. Los autos pasan con un silencio que desborda las jóvenes
virtudes de los atletas que pasan trotando a su alrededor. Todo emana un aura
extraña hoy. Y ayer. Y mañana. Nunca ha cesado este aire a vida, nunca ha cesado
este aire a dolor penetrante, a dolor presente tan presenta que es rico en
minerales, es una posibilidad estricta para un mañana honorable. Sí, el mañana
será honorable, lo sabe mi corazón, lo construye mi verbo y mi acción. Sabe tan
bien mi alma que la vida prolifera sin más atadura que el límite que ponen cada
ojos en sus mundos. Los niños, los niños. Estrellas son sus colores, estrellas
son sus sabores, estrellas son sus pies suaves que caminan al tiempo de las
flores y de los bosques sagrados. Todo existe por ellos. Todo existe por mí y
por cada vida enteramente separada y enteramente unida. Estoy seguro de algo,
mundo, estoy seguro de algo y quiero compartirlo. Nada es en vano. Nada se
construye sobre un muro separado entre espadas y armas. No. Los muros son
cristales, las armas juguetes del porvenir que se ríen en las alturas para
dibujar un paraíso pasado sellado en el más profundo de los campos de la Tierra.
Allá abajo todo acontece diferente y pronto subirá hasta abarcarlo todo. Allá
abajo es cada corazón de las almas intoxicadas por el tiempo y el espacio de las
Eras. El tiempo y el espacio de las Eras es su desafío mayor a la espera de un
gran corazón sabio y sereno. Ese corazón lo encarno hoy. Lo encarno en cada
gesto y será el emblema de mi viaje. No me resistiré en anticipar ese reino
aquí en la Tierra ¿Para qué? ¿Con que motivo? Ninguno. Liberaré la sincronía de
mis venas con el fulgor de la paz absoluta para abarcar desde mis dedos las
caricias más amables posibles. Serena será mi conducta Padre y Madre. Abarcaré
el cielo antes de tiempo con los abrazos de un cisne blanco, tierno y poderoso.
Mi territorio será mi casa y la casa del mundo. No como un ciego y silencioso
desvelo sino en la absorta gracia de saberse vivo. En la absorta gracia de
vivir honesto, ante Todo. Todo es el paraíso y no siempre será de perlas. Mientras
se esconda en un baúl viejo de moho y tiburones, yo seré la sirena que cante
hasta atraer todas las bestias deformes hasta allí. Espantaremos a los tiburones,
reuniremos la pulcritud necesaria para abrir el tesoro y haremos brillar desde
las aguas la luz más infinita de todas. La luz del Amor. La luz del precio del
silencio sabio. La luz de un cuerpo sano en su decisión y liberado de la vergüenza.
La luz del sombrío atardecer de un nuevo Sol, de una nueva estrella girando al ritmo
de un jazz azul. Jugaremos sin más deseos que el propio afán por reír. Gracias.
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