Tuercas y engranajes del vivir
La vida aparece como un reloj de ilusiones dispuestas matemáticamente al Don del alma. El viaje no es más que un vehículo, y el cuerpo una semilla. Si todo se puede ver con certeza en la atemporal garantía de la esencia ¿qué temer? Muchos ya entraron en el flujo y seguro nos encontraremos. Otros siguen como recuadros oxidados en medio de la obra de arte. Somos la obra de arte. Pero la condición de decoración inerte en una pieza tan viva y elegante, solo puede terminar en óxido. Movimiento, siempre. Sensación y consciencia, a ratos. La concentración tiene la fortuna de ser algo profundo en el ser. Dominada junto a la fé, puede ser algo definitivo.
Los árboles, antes simplemente verdes, ahora aparecen como ángeles en el momento y tiempo preciso ¿Puede compartirse la realidad? No, solo la energía. Las antenas son cometas únicos que vislumbran en sus caminos las enseñanzas propias del ser. Ser, tan rústico como cósmico. Dominar los aires y la abundancia de la tierra. Así, todo brota. Río y río como un niño porque lo que antes se colaba denso ahora se ata en forma de arcoiris a cada gesto del yo-futuro que se muestra. La atención es atemporal y así la vida. El único tiempo es el de las señales que se imprimen frente frente a los ojos.
La visión es la condición de migajas del alma. La vida como milagro, no guarda prisa. La vida como milagro se eleva hasta el borde del infinito y se deja caer sin miedo. Vacila entre las sombras y lo mueve todo desde sus redes.
No caer a la ilusión acostumbrada del intelecto que, controlando y empujando, viola todo el matiz de lo que no sé angustia.
Comentarios
Publicar un comentario