Mis pequeñas batallas son hazañas de gigantes
Me recibes con una calidez angelical. Jugamos, nos conocemos lentamente;
con respeto, con distancia… no me abalanzo, no te abalanzas, sincronizamos sonrisas
y sabemos sin evidencia física que podemos ser amigos. Tú; pequeña, linda, tierna,
de corazón grande y ojos de princesa. No tengo hijos, ni se si los tendré, solo
el cosmos lo sabe. Cada niño en el mundo es mi hijo. Quiero darles atención,
amor y decirles con mi mirada que existen. Que son parte fundante de todo lo vivo.
Que son bienvenidos a la selva de experiencias. Poder darles un abrazo de calidez
sobrehumana. Dar el calor de la Madre Tierra. Tener el poder de sanar, llevar
sus ojos y manos para con su creatividad y alegría. Proteger sus crías del
encierro de la angustia. Te protejo, te amo profundamente y eso el escenario de
la pantalla social no lo entiende.
Amar tiene dos caras en este juego de estrategia: o encierras un alma en
tus anhelos quemados en un trozo de papel o amas con el fin de violar la luz y
depositar flagelo en los cuerpos. Así nos enseñan el amor. Pero el amor brillante,
el amor de despojo, no tiene hijos como productos individualizados. Cada ser es
hijo de todos, hermanos, padres y madres del mundo. Ese amor, no se enseña, no
sé entiende, no sé empuja, no sé desea ni se busca. Ese amor es y simplemente
es. Esta ahí en el camino como una piedra milenaria que resguarda energía en su
simpleza. La esconde de intelectualoides que no han descubierto más que sus
huellas. Esto sobrepasa todas las circunstancias. El telón de fondo siempre fue
en realidad el camarín sucio de un escenario mucho más magnánimo y luminoso.
Lleno de aires en forma de estrellas que animan la función celestial. En ese camarín
sucio, en esa sala de espera llena de ansiedad por obtener lo que no sé posee,
en esa agonía, es que miran nuestra amistad como un peligro amiga mía. Este va
para ti, para mí y para todos:
Mi pequeña batalla
Llena de delicadas manos de niñas
Llena de juegos irracionales
O juegos, nada más
Mi pequeña batalla
es el intento flagelante por amar
en un mundo donde
tu amistad de niña
se confunde en los ojos heridos
de un padre agónico y humano
Mira de reojo con recelo
Estira sus brazos de alerta
Y fracciona los cuerpos en trozos
como carnicería
Su hija está en peligro
el violador
el loco
el hombre
la asecha
Todo eso
invisible
vive en su dolor
Y así es como nuestra amistad
se transforma en pesadilla
y el amor aún es un ensueño
y se disfraza de ilusión
Poder entregar amor sin límites es un horizonte lejano. Lo es porque hoy
todavía los cuerpos habitan la violencia. Ilustran la verdad como lobos y presas,
entre reojos amenazantes, viviendo en la cárcel sin insignias, sin tortura y
hasta con alegría. La ilusión no es evidente, pues recrea lo que creas. Coloca
doble capa a la realidad y amenaza desde los fantasmas. Hoy ese juego me acribillo
el corazón por segundos.
Darme cuenta, más aún, sentir como las personas se defienden haciendo
pasar su temor por un amor sin precedentes. Estuve jugando con una niña
pequeña, hija de uno de los invitados. Jugamos y nos divertimos mucho.
Transformamos el pan en calcio y te convertiste en dentista unos minutos. Bailamos
fuera del mundo y por supuesto el mundo desde su enfermiza costumbre por
abarcarlo todo, volvió a aparecer. Solo yo lo vi, tu eres pura como el agua, fluyes
como cordillera y anidas en cualquier árbol. Yo recibí los golpes, y recibiría
mil más. Yo recibí el descontrol de tu padre. Descontrol de sus tentáculos de
ojos y balas invisibles diciendo: “Cuidado, ten cuidado ella es un cristal y yo
soy su creador, nada tan preciado para mi puede quebrarse”. Violador,
violador, raro, loco, violador, hombre, hombre, hombre, hombre, hombre…. Repetía
el eco de tu trauma.
Quizás cuanto dolor cargas que rindes homenaje al miedo con tal
intensidad magnética. Yo amé a tu pequeña hija. Te amo también a ti. Mi reino,
sabe que el amor es puro, la diversión sagrada y la verdad un deleite de
idiotas. No deja de dolerme este mundo. Con solo estos detalles mi desconsuelo
es mayor que pugnas políticas, guerras o golpes. La desconfianza es la fibra más
delicada y sensible. Es el patrón iniciático de una guerra perpetua que se
instala en nuestros cuerpos en forma de gérmenes, como toxinas antiguas reproduciéndose
sin cesar. Nada los detiene, excepto el propio origen.
El amor, es el apego primero que se vicia de dolores, luego se hereda y
en un tridente mágico se sana en el tercer intento o transferencia: “me negaras
tres veces”, dice el corazón. Luego de eso no habrá nada que nos separe y sabrás
reconocerme desde antes de la carne Amiga pequeña. Tu padre tiene razón. Yo
tengo razón. Sigamos jugando. Esta vez cocinemos una porción de papas fritas en
un plato de piedra con cubiertos de aire y papas de cartón. Tragaremos sin llenarnos,
nos emborracharemos sin alcohol y reiremos sin razón regalando una oportunidad
a ese paraíso que llevamos como acto. Amar. No hay más.
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