El mundo no existe

 




Hace unos años realice algo esencial, algo tan simple que parecía ridículo. Todas las enseñanzas que tocaban una fibra de realidad dentro de mi me llevaban al mismo lugar. Ese lugar donde las preocupaciones abstractas construidas por la elaborada red de mentiras contadas y transmitidas por los grandes y pequeños artefactos de nuestros tiempos, se esfuma y consume en un sin sentido. La Presencia, la sagrada condensación de los tiempos en Uno, en al propio principio de existencia, que, en realidad, es el principio de existencia de todas las cosas. 


La realización tiene de base una destrucción primordial de un orden mental establecido en cada eslabón de la sociedad y el mundo como lo conocemos. Ese cimiento mental justifica cada atrocidad, pero sobre todo la gran atrocidad de nuestras propias pequeñas vidas, la atrocidad de entregar nuestra energía al servicio de un camino ajeno al de nuestro hogar. El mundo se edifica sobre la creencia misma de un común acuerdo, de un compartido dimensional que en realidad no existe en absoluto. En ese camino compartido, en esa fragante demencia se asoma la irrealidad de los constructos estéticos y esclavisticos que sostiene la torre de control, la pirámide de obliteración.  El mundo como creencia, el mundo como la imagen del mundo, como ya lo mencionaba hace años un filosofo. En la meditación ese mundo construido no existe y se difumina, en el único de los mundos posibles, Tú mundo. 


Desobedecer estrictamente la idea del mundo como un constructo al cual “deseo” y promuevo pertenecer, es castigado por todas las facciones. Las facciones conscientes del orden esclavista pero sobre todo las facciones inconscientes que son las principales sostenedoras de la estructura de abstracción y dominación. Cualquier que corrompa esa estructura es un loco, un desorientado, un corrompido por la propia disminución, por los cánones de la indecencia o simplemente agobiado por la sobriedad. Ver la realidad de este mundo jugando el juego del poder, es castigado con una sanción simple: todo el “mundo” en esta abstracción vive persiguiendo algo; un sueño, fama, dinero, amor romántico o cualquiera de las formas de perversión de la bondad sublime. No perseguir ninguno de estos llamados “motores” del vivir, lleva al individuo no solo a una alerta temprana en sus redes familiares y sociales, sino principalmente a una alerta interna de duda, desesperanza, sentimiento de no pertenencia, de desamor frente a la catastrófica corrupción del entorno. Este sentimiento, de ajeno desvelo, donde los pies no están pisando el mismo prado que el inmediato vecino, es el castigo más sutil que han implantado en todos los niveles de realidad que hoy en día dictan el oficialismo. 


¿Cómo puede que alguien haya alcanzado tal paz y conexión que ya no necesite aspiraciones? ¿Cómo puede alguien sobrevivir al despertar cada día sin un “fuego” que encienda su hambre? Esa es la lógica, esos son las preguntas y las respuestas recaen en mil y un mecanismo para estructurar la deformidad, la desobediencia y la irresponsabilidad de este mal situado ser. Los diagnósticos psicológicos, las imposibilidades prácticas rutinarias de llevar una vida sensata, los apremios económicos, los juicios sociales de inadaptación, el concreto asedio del entorno que dice y pregunta todo el tiempo: “Si vives aquí debes hacer algo, debes aportar, debes tener una aspiración, debes tener responsabilidad, debes, debes, debes…” 


¿desde cuando viene construyéndose esta estructura de un “mundo conocido” donde las personas guardan su dolor frente a sus limitaciones? ¿desde cuando que la vida se trata de “ser mejor”, de “crecer” y de obtener una posición honrosa? Esto lleva un muy tiempo ocurriendo y construyéndose y no seré ni soy el primero en verlo de frente, somos muchos y vivimos en los márgenes de un castillo resguardado por dragones vestidos de blanco apuntando al cielo, desbordando sus bolsillos de ambiciones y colocando al desdichado ser de sabia “tranquilidad” en la posición más dolorosa posible, para que pronto se una al baile, encuentre a alguna pareja disponible y compre la máscara que más le acomode. 



***


Los origines de esta disputa son simples y hasta absurdos. Nuestros antepasados vivían en la más plena tranquilidad, en una anarquía sin nombre ni precedente que se esconde de los libros de historia y que preserva su herencia solo y únicamente en nosotros. En la sangre que llevamos, en la pulsación interna que siempre desde que aprendemos el primer respiro no ha dicho “todo esta bien, esto es la vida, nada más nada menos”. La calidad de vida, el desarrollo social y tecnológico son el asedio que imprimió la catástrofe interna, el dolor más profundo que llevamos. Toda la estructura se alimenta sobre sí misma y cada paso en el eslabón lleva a un dolor más y más mimetizado por el máximo placer y dicha al acceso supremo de los manjares celestiales… que no existen, sino solo en la ilusión. La llamada ilusión, el Maya, ese tejido virtual, la Matrix, es toda la conformación de una masa civilizada, desarrollada, majestuosa en ocultar su miseria. Ser lo más alegre posible, lo más estable posible, lo más responsable posible, lo más exitoso posible, lo más hábil posible en cual sea la capacidad que seas llamado a desarrollar. Toda esa míseria que persigue peces en un océano gigante, es la llamada virtualidad del tejido. No es simplemente un acto o una decisión es una conformación mental que se basa en lo que mencione anteriormente: la construcción de un mundo conocido (feliz) al cual debo alimentar, al cual debo apelar y sostener en mis pensamientos como un punto de comparación para mis adentros, silenciando el único poder reconocido por los ancestros: la interioridad imaginaria y su habitación silenciosa, esa llamada meditación sin postura ni poder, la meditación del Ser. Cada persona que ha perseguido a la verdad ha llegado a ella, es el camino certero, ya que la intención construye el resultado. Nuestros ancestros vivían en esa habitación silenciosa, vivían en ella independiente de sus circunstancias, sea dolor, alegría, pasión, ritual, caza, danza o caminando en un perfecto y normal día soleado en medio de la selva. Habitar el interior es una llave que destruye la esclavitud desde adentro, desde el lugar inhabitado de los espíritus, desde el espacio de máxima autonomía del Ser. Corromper ese lugar es toda la empresa de esta gran y magnifica Industria. Desde las Artes ese placer por inventar pretextos  ha tomado mil formas, así como desde la espiritualidad y desde todas las facciones. Siempre hay una nueva razón más poderosa que la anterior para no estar quieto, para  no estar tranquilo con lo que se es dado, para estar permanentemente buscando y buscando agotado en el desierto, sediento por más y más.


Todo comienza por el mundo y para el mundo.  Las facciones militares son ordenadas en el cerebro y en el campo energético completo. La obediencia es con el Paradigma y no con el País o con con cualquier otro arquetipo formal. El arquetipo que construye los arquetipos es el objetivo del poder. Corromper ese interruptor sináptico básico, dañarlo a tal punto de no permitir descansar a sus cuerpos. Empujar y empujar cada minuto las expectativas, sea por más alcance social o por más acceso económico, el pretexto de fondo es siempre extensivo y nunca presencial. El mundo no existe, lo han diseñado para ser mundo. En ese rol, es que han atrapado nuestros sueños en redes de confusión y mal entendidos. Es ridículo como el control y la sumisión hoy en día ha tomado su forma en sintonías cada día más amables, sonrientes y delicadas. Es como si ahora la nueva arremetida del control ya no se haga sobre el miedo físico y el dolor corporal, sino que principalmente sobre el espíritu. La crucifixión hoy en día es de aquellos impenetrables que no permiten que sus fuerzas sean corrompidas por las ansiedades del sistema mundano. Ir a trabajar, ganarse la vida, deliberar el entusiasmo a un tercero, protagonizar la obligación en primera persona. Ser libre solo y únicamente en el cuerpo de la libertad construida y diseñada para que sea posible. Todo lo imposible es absurdo, pero no en la paradoja del soñador que se inquieta por una portada en los diarios o un concierto de 9000 mil almas, sino ese imposible que significa la quietud, la tranquilidad, el bienestar supremo sobre todas las demás ilusiones. Ese estado que todo “famoso” o “exitoso” termina por reconocer al final del camino: “lo único que Soy siempre lo he sido, lo único que tengo siempre lo he tenido…” Tan solo ese gesto de tener que recorrer todo ese camino de exposición para volver a un principio tan simple como estar, es una muestra de lo agotador y absurdo que es este laberinto. Cada actor, cada buscador siempre vuelve al mismo y único principio. El camino siempre ha sido la ruta, pero… ¿Qué esta pasando con aquellos que nos negamos a recorrer un camino de falsedad y sufrimiento postergado, en pos de únicamente volver a un recuerdo que en realidad ya tengo aquí y ahora tan fresco como el fruto más prístino de todos? Si ese recuerdo es presente y constante ¿para que quisiera vivir ese camino? No tengo porque vivirlo, como tampoco tengo porque no vivirlo. No se trata sobre la experiencia, sino sobre la esencia en donde se construye la experiencia. Concentrarse en la meditación de no perder el camino, con nobleza y humildad es una experiencia dolorosa, no porque el dolor tenga algo que ver con esto, sino porque lo imponen como un mecanismo de castigo a quien ha descubierto la calma, la abundancia y la rectitud en un acto simple; estar. 


Los antiguos miraban al sol y respiraban hondo mucho antes de conocerse el uso de la razón, la medicina oriental, el yoga, el mindfullnes y cualquier expresión de espiritualidad tangible. Los antiguos atestiguaban la bondad, la rectitud del corazón, la abundancia de los deseos cubiertos por la tierra, la plenitud del alma mucho antes de que todo este “mundo” construido y diseñado, existiera. Creo profundamente que nos hemos vuelto cada día más dementes, cada día más altaneros y hemos dejado de mirar la realidad objetiva, para triturar todo nuestro entorno con ilusiones de poder, obtención, visualización y proyección.


Dios vive y emerge desde nuestro espacio sagrado, del cual casi ya no queda nada. Ese espacio sagrado es la única fuente de vitalidad y si no nos atrevemos a olvidar definitivamente a este “mundo” y retornar al único hogar que siempre hemos tenido, todo siempre se desvanecerá en nuestro horizonte y seguiremos viviendo y muriendo por deseos y constructos ajenos. 

Deseo para ti, lector, todo el poder del cosmos en tu corazón para alejarte de las desdichas de la ilusión y habitar el presente. La inmensidad vive en ese resplandor pequeño que somos cada uno de nosotros. La escala misma de las dimensiones sociales es la poderosa disociación del gran espíritu. La idea de alcanzar algo, la idea de crecer hacia algún lugar, la mínima sensación de ser más o "ser alguien", el preciso colapso de ese falso fuego que impulsa la confusión hacia vacíos más y más profundos. Los deseos no son para esconderlos, ni tampoco para alentarlos, los deseos son el pulso del alma, la respuesta a los ciclos del cosmos, los fragmentos de impulsos que vienen y se van. Todo lo que permanece para siempre, todo lo que quiere vida eterna en la materia y en el poder, es ilusorio. 


Hermano, hermana mía; Todo muere, todo retorna, todo recircula hasta las esferas de la gran danza universal. Así, Todo vive, todo respira un pulso conjunto y es nuestra misión volver a revivir ese recuerdo y destituir la miseria de los corazones. 


El mundo no existe, olvida la palabra, olvida la proyección del otro y recuerda la inmensidad de tus partículas. En esa inmensidad esta la única posible conexión universal con todo lo que conoces. Sin ese interno, el externo permanece inmune a tu sensibilidad apagada. Toda práctica, toda receta, toda transacción de sabiduría es ilusoria. Nada permanece si es que no concentra una alta dosis de amor universal en tus expresiones. Conquista el espacio. Conquista el espacio. 


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